Cuando hoy en día alguien declara sin despeinarse que “no hay que ganar menos, sino consumir menos”, es posible que a más de uno se le pongan los pelos de punta, o que simplemente piense que el autor de la citada frase ha tenido un accidente cerebral del cual no se ha restablecido totalmente.
Christian Felber, el autor de la frase, no ha sufrido las secuelas de ningún accidente con repercusiones neuronales, que sepamos nosotros. Aunque es verdad que Christian, profesor de economía, escritor, activista y bailarín, sorprende a su numerosa audiencia haciendo el pino delante de su desconcertado, y en algunos casos, alarmado público.
(Por Alberto Letona)
Felber, austriaco de 46 años, es el creador de uno de los mayores éxitos editoriales de los últimos tiempos. Su libro: “La economía del bien común” ha sido traducido a seis idiomas y le ha llevado a los cinco continentes invitado para dar conferencias y charlas.
El austriaco habla y teoriza sobre un comercio mundial ético en su último libro del mismo nombre. Y como no podía ser de otra manera analiza aspectos tan fundamentales como la democracia soberana, la desigualdad social, los derechos humanos y la sostenibilidad de la actual economía.
Muy crítico con la opción imperante del libre comercio, que en su opinión “sólo beneficia a las empresas multinacionales, cada vez más poderosas y menos respetuosas con los derechos humanos”, Felber tampoco defiende el proteccionismo; arremete constantemente contra él. Sostiene que debería haber menos barreras para las empresas y los países que hacen una contribución a los derechos humanos, a la distribución justa de la riqueza y a los empleos recompensados dignamente. Por contra, las barreras comerciales deberían de alzarse para aquellos países y grandes empresas que se comportan como delincuentes climáticos o explotan a los demás.
Uno de los pilares fundamentales de su pensamiento es que el comercio debe estar orientado hacia el bien común, entendido este como el respeto a los derechos humanos, la diversidad cultural y la protección del medio ambiente. Sus ideas no han estado libres de críticas: ¿cómo se mide el bien común? ¿qué legitimidad tiene un Estado democrático para limitar la capacidad de sus ciudadanos de ganar dinero? Algunos le acusan de intervencionista y otros de comunismo dulcificado. Es aquí donde el autor muestra su verdadero equilibrio de bailarín y defiende que sus teorías se nutren tanto del capitalismo como del comunismo.
Recuperar los principios de comunidad y apostar por el comercio ético, no como un fin sino como una herramienta para lograr objetivos más elevados es la base filosófica de este autor que no parece ni ingenuo, ni utópico y que tampoco parece apostar por una revolución tipo bolchevique.
“El éxito de la empresa es el éxito de la sociedad. No se debe medir con criterio exclusivamente financiero, sino con criterios de igualdad y de dignidad. Duplicar beneficios a costa de recortar plantillas, discriminar a las mujeres, o contaminar el medio ambiente nos lleva a un futuro poco halagüeño en el que sería más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”, dice este ferviente defensor de la democracia soberana.
Una democracia soberana cuyo poder no esté concentrado como ahora en las grandes empresas, los medios de comunicación, los grupos de presión o las élites políticas.
Aunque dejase de hacer el pino es muy probable que las conferencias de Christian Felber sigan concitando el interés de la audiencia…… aunque no sean acróbatas, sino gentes a las que su discurso les parece relevante y necesario; incluso sin red.
