PUEBLO

Los karatas se llaman a sí mismos khkhiridi. El primer y último censo que contabilizó a los karatas separadamente se llevó a cabo en 1926. Más tarde fueron inscritos como ávaros. En las publicaciones científicas posteriores a la II Guerra Mundial han aparecido breves comentarios acerca de su número, pero normalmente son estimaciones muy aproximadas.

Las cifras dadas en el censo oficial de 1926 eran de 5.305 habitantes, alrededor de 6.000 en 1958, y unos 5.000 en 1967. Los últimos datos de que disponemos hablan de 4.787 karatas aproximadamente.

El pueblo Tindi en 1890, por M. de Déchy.

TERRITORIO

Los karatas habitan en numerosas aldeas de los distritos de Akhvakhsky, Botlikh/Buyhe y Khasavyurtovsky de la República de Daguestán. Nueve de ellas están ubicadas en la orilla izquierda del río Andiyskoye Koysu: Karata/Kkira (centro administrativo de Akhvkhsky), Rachabulda, Archo, Anchik, Mashtada, Ratsitl, Nizhneye Inkhelo, Verkhneye Inkhelo y Tukita, en el distrito de Botlikh. La única aldea karata localizada en el distrito de Khasavyurtovsky es Siukh. Los pueblos lindantes con los karatas son: por el norte y el este son los andis, por el sur los ajvajs y los bagulales, y por el oeste los ávaros.

LENGUA

El karata pertenece a la familia caucásica, rama septentrional, grupo najo-daguestano, subgrupo ávaro-andí-dido.

En el sudoeste de la República de Daguestán/Dagestanskaja Respublika, en la orilla derecha del río Andiyskoye Koysu, 6.500 habitantes hablan karata, el 0,22% de la población total de la república.

Existen dos dialectos principales: el karata propiamente, y el tukita o tokitin; y cuatro subdialectos: el anchik, archo, ratsitl y rachabulda. Las diferencias dialectales corresponden a la fonética y a la morfología. Sin embargo, los hablantes de dichos dialectos no tienen dificultades para comunicarse entre sí.

El sistema educativo de estilo soviético adoptado por los ávaros, ayudó al avance de otras lenguas. El karata no se enseñaba en las escuelas y el sistema sirvió como instrumento para la ideología y propaganda del gobierno soviético.

El karata es una lengua ágrafa, siendo el ávaro el que se emplea como lengua franca y medio de transmisión cultural. Su uso ha quedado relegado a la esfera familiar; fuera del hogar y para asuntos administrativos se utiliza el ávaro.

RELIGIÓN

Los creyentes karatas son musulmanes suníes. Los primeros misioneros islámicos llegaron a las orillas del río Andiyskoye Koysu en el siglo VIII, pero el islam no se estableció hasta el siglo XVI. En los siglos VIII y IX el cristianismo fue introducido en la parte noroeste de Avaria y Karata con la ayuda de los gobernantes georgianos y kaketios al oeste. El cristianismo perdió terreno después de las campañas de Tamerlán (1336-1405) y la desintegración de Georgia en los siglos XIII y XIV. La vida religiosa de la comunidad estaba dirigida por el cadí o líder islámico.

HISTORIA

siglos VIII-XII: Avaria estuvo bajo el control de los conquistadores árabes.

siglos XIII-XV: Se constituyó el kanato de Avaria, en el transcurso de las conquistas tátara-mongolas y de la invasión turco-persa.

siglo XVII: En el hábitat de los karatas se formó una especie de organización social o “comunidad libre”.

siglo XVIII: Los karatas constituyeron una alianza con la comunidad Gidatl contra los ajvajs.

siglo XIX: Descontento en el noroeste de Avaria debido a las actividades de los muridistas, bajo el liderazgo del imán Shamil (1797-1871), y a la incesante guerra en el Cáucaso.

1806: Daguestán y Avaria fueron incorporadas oficialmente a Rusia.

1870-80: Desarrollo de una estructura administrativa.

1930: La resistencia a la colectivización y una sublevación en el oeste de Avaria permitió a los soviets emplear las fuerzas armadas y aplastar el movimiento nacionalista.

ECONOMÍA Y SOCIEDAD

La actividad económica de los karatas ha dependido siempre del medio natural. La disponibilidad de buenos pastos en verano e invierno, dio lugar a la importancia de la ganadería estacional. Los pastizales se utilizaban para la cría del ganado ovino, y para el trabajo y transporte se servían del bovino y el caballar. Ya que había escasez de tierras de cultivo y las condiciones naturales eran desfavorables, la agricultura tenía sólo una importancia secundaria. Una parte del problema se solucionó con campos en bancales irrigados. Se cultivaba trigo, centeno, lino y, más tarde, patata y verduras.

La forma de comercio predominante era el trueque. La artesanía familiar ocupó un importante lugar y fue altamente desarrollada. Los karatas trataron de mejorar su situación económica realizando trabajos esporádicos en otros distritos y ciudades. La anexión de Daguestán a Rusia dio un impulso a la economía, puesto que introdujo una nueva base para el comercio y las finanzas. Sin embargo, no hubo un desarrollo económico rápido, lo cual podría atribuirse al aislamiento relativo de la zona. Por otra parte, la anexión también introdujo el colonialismo, que defendía los intereses de las autoridades centrales, no las necesidades de los pueblos indígenas.

La unidad más pequeña de la sociedad karata era la comunidad de la aldea, dzhamat; cuyo máximo organismo era la asamblea de la aldea, rukken. Ésta elegía al “sabio” o chaibi, y a sus dos ayudantes. Con el establecimiento de la administración rusa estas instituciones quedaron ligadas a la burocracia del poder central.

Posteriormente, las cuestiones claves para la supervivencia de los karatas eran la vitalidad y conservación de su lengua, la preservación de la cultura étnica material frente al avance de la cultura urbana europea, y la defensa de las tradiciones populares frente a la invasión de las tradiciones soviéticas. La más importante era la protección de la lengua, al ser lo único que distinguía a los karatas y a los ávaros.

El avance de la cultura urbana europea estaba ligado al crecimiento de los asentamientos, la pérdida del aislamiento territorial y la afluencia de artículos fabricados en serie. La artesanía doméstica fue desapareciendo o adquiriendo el rango de arte. La variante soviética del proceso de la urbanización continuó y debe ser considerada como una extensión de las políticas coloniales.

La cultura étnica fue aún más perjudicada por la inculcación a la fuerza de tradiciones soviéticas. Las viejas costumbres eran ridiculizadas y había una fuerte propaganda atea. Las escuelas jugaron un papel clave en la formación de nuevas actitudes. Los resultados fueron claros en las diferentes actitudes a las tradiciones populares expresadas por las generaciones más viejas y más jóvenes. Mientras los ancianos mantenían las tradiciones vivas, los jóvenes las abandonaron y adoptaron gradualmente las costumbres soviéticas.

La crisis está todavía por llegar, pero lo que ha tenido lugar ya apunta a la completa erradicación de cualquier característica nacional.


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